2022/09/29

Pese a ser uno de los volcanes más activos de Sudamérica, el Villarrica es probablemente el volcán que más visitantes recibe a lo largo de todo Chile. Caminando por el vecino pueblo de Pucón, son innumerables las agencias que ofertan desde trekkings a ascensiones guiadas por el día para todo tipo de público.

Tras esta imagen de montaña turística y masificada, se esconde todo un coloso nevado que no se debe mirar de menos. Sus 2.850 m.s.n.m. suponen un auténtico reto para todo aquel que aspira a conocer de cerca su humeante cráter y contemplar los bellos paisajes de la araucanía desde una perspectiva única.

En nuestro caso, llevábamos ya varias semanas pensando en lanzarnos a la aventura; aunque la previsión meteorológica no era la mejor para el día domingo, con temperaturas realmente bajas en la cima y posibilidad de niebla, nos alistamos el día sábado para viajar hasta Pucón, pasar noche en la base del volcán e intentar la cumbre el día siguiente.

Despertamos a las 3:30 de la mañana de nuestro vivac, con cierta expectación por ver si realmente se cumpliría la previsión… y así fue, hacía mucho frío. En todo caso de momento no entraba la niebla, por lo que pudimos disfrutar de un hermoso cielo estrellado.

Según se acercaba la hora del amanecer y según ganábamos altura, la temperatura iba descendiendo de manera lógica. El primer descanso importante lo realizamos aun a oscuras en el sector de la capilla, sobre los 2.000 m.s.n.m. En ese momento estaríamos a unos -5 ºC.

Con fuerzas renovadas y con la esperanza de ver el sol inminentemente nos pusimos en marcha, pero según avanzamos unos metros y sin previo aviso, nos vimos envueltos en una espesa niebla, la cual impedía ver más allá de unos pocos metros.

A duras penas y con la inestimable ayuda del GPS, tratando de no separarnos demasiado y manteniendo contacto visual en todo momento, avanzamos lentamente por las laderas cada vez más empinadas del volcán. La sensación era parecida a la de estar en una sala totalmente blanca, sin ningún tipo de referencia, casi sin poder separa el suelo del cielo.

El viento era cada vez más fuerte y la sensación térmica había caído en picado, por lo que cada parada para reagruparnos suponía exponernos a un viento helado que por instantes comenzó a congelarnos literalmente la cara, las cejas y las pestañas.

No quedaba otra que seguir empujando hacia arriba, con la esperanza de que eventualmente saliéramos de la nube, al encuentro con el sol. Finalmente, después de casi 5 horas de ascenso y 1.800 metros de desnivel acumulado, llegamos a la cima.

Éramos los primeros allí arriba, y según pudimos comprobar después, unos de los pocos que lograrían llegar ese mismo día. Y es que la situación era bastante hostil, con un viento constante que empujaba la nube hacia nosotros y nos volvía a sumergir en la misma sala blanca por instantes, y un frío extremo de -10 ºC, lo que sumado al viento daba una sensación térmica aproximada de -18 ºC.

Además el volcán parecía bastante activo, con una intensa fumarola que nos impedía observar despejado el inmenso cráter. Estratégicamente nos colocamos entre el viento y la fumarola, ya que de lo contrario nos resultaría imposible respirar.

Con el retorno al punto de partida terminó esta pequeña aventura marcada principalmente por las condiciones climáticas, unas condiciones que, en todo caso, hicieron que pudiéramos disfrutar por unos instantes de una cumbre salvaje y solitaria.


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