2023/03/24

El pasado mes de noviembre, junto a mi amigo Javi de Curicó, completamos un bonita travesía entre los valles del Mapocho y del Maipo, cruzando la Sierra de Ramón por algunas de las principales cumbres del macizo. Pese a terminar muy satisfechos con la actividad realizada, quedó una cima por conocer, la del Punta de Damas. Se veía muy cerca desde la cima del Ramón, pero al analizar el filo que une las dos cumbres, decidimos no arriesgar más de la cuenta y bajar directamente al Cajón del Maipo.

Desde aquel día venía dándole vueltas a la idea de completar de alguna manera la travesía integral de la Sierra de Ramón.

Este último ha sido probablemente uno de los veranos más tranquilos e insustanciales que recuerdo, sobre todo en comparación al verano pasado. Por diferentes razones no he podido salir una sola vez a la cordillera, lo cual puede parecer hasta preocupante.

Pero por suerte no todo han sido malas noticias estos últimos meses y también han llegado pequeñas y grandes alegrías desde casa. Además, durante el mes de febrero recibí varias visitas, las cuales son siempre inyecciones de energía que rompen con la rutina que nos absorbe.

De entre las visitas que han llegado hay una que lo ha hecho con fuerza.

Aunque llevan muchos años cerca de las montañas, esta iba a ser la primera salida en los Andes para Nerea y Aratz. El itinerario era relativamente claro, idéntico al realizado aquel día con mi amigo Javi: subir todo lo posible al anochecer aprovechando las horas de menos calor, vivaquear, y el segundo día recorrer la parte alta de la montaña al amanecer, para llegar a la cumbre del Punta de Damas antes del mediodía. Después, una larga bajada de más de 2.500 metros de desnivel de vuelta a la civilización.

El itinerario se cumplió más o menos según lo previsto. Partimos a las 20:00 desde el parque Panul camino al Minillas, y en poco más de 3 horas pudimos llegar hasta los 2.200 m s.n.m., donde decidimos vivaquear en un pequeño plano, a tan solo media hora de la cima. Las sensaciones durante toda la subida no fueron del todo buenas, probablemente debido a la inactividad durante el verano. Lo cierto es que caimos rendidos en el saco de dormir, y aunque fueran pocas horas, pude descansar bastante bien.

Nos despertamos aun a oscuras, a eso de las 6:30 de la mañana. Al no llevar cocinilla, comimos un par de barritas y recogimos todo rápidamente para llegar a la cima del Minillas justo antes del amanecer.

En ese momento pensé que lo peor ya había pasado. Con toda la ciudad de Santiago a nuestros pies, la cima del Punta de Damas se veía muy accesible. Tan solo nos separaba de ella un constante sube y baja por la parte alta de la Sierra, donde se distinguía claramente una pala de mediana inclinación, además de la pala final.

Pero la verdad es que justo ahí comenzó a complicarse la cosa. La pala de mediana inclinación resultó ser una trampa donde caimos como moscas; el sol y el calor a esa hora ya no perdonaban, y los 3.000 m s.n.m. se sentían con fuerza. Los tres nos sentíamos realmente agotados en medio de la pendiente, sin fuerzas para avanzar. Era como si la montaña hubiera absorbido toda nuestra energía.

Pasamos una pequeña crisis al finalizar la pala, pero tras conversarlo y descansar por unos minutos, dejamos parte del equipo escondido detrás de una roca y nos lanzamos a la cima.

Llegar a la solitaria cumbre del Punta de Damas fue como una inyección de energía para nuestros agotados cuerpos. Personalmente me sentía muy feliz por estar ahí y compartir el momento con Nerea y Aratz. Habíamos sufrido más de lo que hubiera pensado en un principio, pero las vistas sin duda merecían la pena. Esta vez nos encontrábamos al otro lado del famoso filo que une la cima del Punta de Damas con la del Ramón, la cual se veía con total claridad y detalle. Justo detrás se distinguía el Plomo, guardián del valle, tan imponente como siempre, y ya mirando hacía el este y el sur pudimos ver el Tupungato, Marmolejo, San José, Alto de los Arrieros…

Ahora sí solo quedaba una interminable bajada por la quebrada El Ensueño hasta la comuna de Macul, la cual se nos hizo realmente eterna. Hacía demasiado calor (34 ºC de máxima en Santiago) y el agua escaseaba. Además, en estas quebradas por lo general apenas corre el aire, y en estas fechas resulta imposible encontrar nada de agua. Tuvimos que apretar los dientes para poder llegar de la manera más digna posible.

En Santiago nos esperaba una merecida recompensa en forma de completos y varios litros de agua para reponer fuerzas. Ya había pasado lo malo, y entre risas volvió a salir la pregunta mágica… ¿Para cuándo la siguiente?


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