2026/08/23

En septiembre del año pasado, junto a mi gran amigo Nacho nos aventuramos en un viaje en bicicleta por la región de Coquimbo. La ruta elegida fue la histórica Antakari, que conecta los valles de Elqui y Río Hurtado, ofreciendo múltiples alternativas para los amantes de la aventura.

Nacho llegó a Santiago la tarde anterior a la partida. Después de ordenar las cosas y mientras nos tomábamos una cerveza en la azotea, repasamos una por una las principales cimas de la cordillera y conversamos sobre las mejores fechas para visitarlas. Esto hace de Nacho, entre tantas cosas más, un gran compañero de aventuras; es un motivado y antes de empezar una ya está pensando en la siguiente.

Al otro día después del trabajo salimos hacia El Peñón, en un largo viaje amenizado por la mejor cumbia villera argentina. Cuando llegamos al rancho Biciados ya era de noche y hacía frío, pero por suerte nuestro amigo y anfitrión Feña nos tenía preparada una cálida bienvenida. Algo sabe él de viajar en bicicleta, y de lo especial que se siente que le abran a uno las puertas en hogares desconocidos.




Llegado el día partimos en dirección a la cuesta de San Antonio, atravesando varios pueblos como El Manzano y Maitencillo, donde sus vecinos comenzaban a armar sus carpas y fondas dieciocheras, con la incesante cumbia ranchera de fondo. La de San Antonio es una cuesta importante (13 km), y ya desde las primeras rampas tuvimos que meter todo el desarrollo. Menos mal que la temperatura era agradable y el tráfico ligero.



Sobre la una de la tarde llegamos a la minera y religiosa comuna de Andacollo, justo para el desfile. Allí estaban presentes varias de las principales agrupaciones de la zona, como el club Andabike de ciclismo o la compañía de bomberos. Todo el público los jaleaba, con sus vestidos tradicionales, mientras sonaban marchas militares parecidas a las de las tamborradas.

Era el momento perfecto para tomarnos un rico mote con huesillo.




Terminado el desfile, las calles comenzaron a vaciarse y nosotros seguimos nuestro camino. Justo a la salida de Andacollo sufrí mi primer y único pinchazo de la ruta. Con paciencia y algo de esfuerzo logramos repararlo, mientras al otro lado de la carretera varias familias elevaban volantines.

Después de atravesar la Cuesta de Piedra y aprovechar en su cima la única sombra en toda la tarde, una larga bajada nos condujo hasta Samo Alto. Llegamos sobre las 6 de la tarde, con las luces doradas del atardecer metiéndonos prisa para buscar un lugar donde pasar la noche. Por suerte dimos con un camping a medio abrir en El Espinal. Allí pudimos darnos una ducha fría y armar nuestro vivac bajo una parra. A las 10 de la noche comenzaba el baile en Samo, pero estábamos muy cansados.







D1: El Peñón - El Espinal
69,3 km / 1.450 m+

Si te ha gustado, suscríbete AQUÍ al newsletter para recibir un aviso cuando publique una entrada o tenga novedades.

Comentarios