2022/08/02
Después de mes y medio de mucha lluvia, frío y nieve en la cordillera, aprovechamos la primera ventana sólida de buen tiempo para acercarnos hasta el centro de esquí Corralco con la intención de ascender el volcán Lonquimay. Se trata de uno de los clásicos de la Araucanía, situado en un entorno único, rodeado por bosques milenarios de araucarias y escoriales de lava.
Partimos desde Concepción muy temprano, con algo de sueño pero con la motivación intacta. El grupo lo formamos cinco socios del CMRAUC, y para cuatro de nosotros será la primera vez en el Lonquimay.
Llegamos justo al amanecer, y al encontrarnos el camino de acceso a las pistas cerrado, debemos aparcar frente al Resort, un par de kilómetros más abajo de lo esperado. Nos ponemos las botas, metemos todo lo necesario en nuestras mochilas, y empezamos a caminar.
Avanzamos relativamente rápido por las pistas, que a esas horas empiezan ya a llenarse de gente. Tal y como estaba previsto, el clima es perfecto: cielo despejado, nada de viento y temperatura más que agradable.
La calidad de la nieve es buena, no se echan de menos las raquetas y tampoco son necesarios los crampones, de momento. La única pega es que al estar algo húmeda, se nos forman tacos de nieve en las suelas de las botas, lo cual resulta incómodo, pero tiene fácil solución.
Según ganamos altura, empezamos a ver con mayor claridad a los colosos que rodean al Lonquimay. Al ser un día muy despejado, las vistas durante toda la ascensión son impresionantes.
A la altura del último andarivel realizamos una última parada para comer algo y ponernos los crampones, antes de montarnos en la arista final. La llevamos viendo todo el día, y ya de cerca se ve aún más interesante. Calculamos que debe tener como máximo unos 45º de inclinación.
Sin tener mayor complicación, es la parte más comprometida de toda la ascensión, por lo que se debe mantener al máximo la concentración. Un simple resbalón en este punto puede suponer una caída de varios cientos de metros.
Además, al estar ya cerca de la cumbre se empieza a sentir el viento. La arista tiene un par de metros de ancho y está completamente cubierta de nieve dura y hielo en algunas secciones. Aplicando la técnica adecuada avanzamos con paso firme hasta llegar a la cumbre.
El cráter del volcán Lonquimay nos sorprende por su gran tamaño, y la gran cantidad de nieve que acumula. Después sabremos que es uno de los más grandes de los volcanes australes de Chile, con más de 800 metros de diámetro.
A los abrazos y felicitaciones correspondientes, les sigue un merecido descanso en la orilla del cráter. No falta el típico repaso de las montañas visibles desde la cima, que con un día tan despejado son muchas: Antuco, Sierra Velluda, Chillán, Domuyo, Callaqui, Tolhuaca y Copahue para un lado, y Sierra Nevada, Llaima, Rukapillan, Quetrupillan, Lanín y Mocho-Choshuenco para el otro. Más de una docena de volcanes a simple vista, ¡increíble!
La bajada la realizamos con mucho cuidado, sobre todo en las partes más inclinadas de la arista, ya que la nieve sigue estando dura y la caída a ambos lados puede llegar a impresionar. Una vez en las pistas, avanzamos rápido hasta el punto de inicio, para llegar justo antes del atardecer.
En total son 14,5 km y 1.440 metros de desnivel positivos, para cerrar otro bonito día de andinismo en la Araucanía chilena.
Si te ha gustado, suscríbete AQUÍ al newsletter para recibir un aviso cuando publique una entrada o tenga novedades.








Comentarios
Publicar un comentario